[Post invitado : escribe Paula]
Una buena manera de viajar por Irlanda es durmiendo cada día en un lugar diferente. Los “Bed and Breakfast” (cama y desayuno, para los menos puestos en el inglés) te dan la posibilidad de hacerlo, pues se encuentran en casi todas las ciudades y en pueblos, incluso en las carreteras. Lo que hace la gente es alquilar habitaciones de su propia casa, variando el número según el tamaño. En el tiempo que estuvimos viajando, dormimos cada día, a excepción de alguno en el que repetimos, en un bed and breakfast diferente, y los precios siempre rondaban los 25-30 euros la noche (por persona) y desayuno incluido, un completo y caliente “Irish Breakfast”. Los precios eran parecidos, pero lo lugares no, en absoluto. Cuanto más te alejas de los centros urbanos, mejor calidad tienen, por lo que, al fin y al cabo, te gastas el dinero más a gusto. Dos de ellos, en los que repetimos, se encontraban alejados del resto de casas, y de los pueblos.
El primero, en Skibereen, era una casa de tres pisos de madera, situada en medio de un campo todavía removido. Cerca, a unos 2 kilómetros, estaba el pueblo. Llegamos de noche, en medio de una tormenta, después de haber estado buscando durante horas un sitio donde dormir. Y nos tocó la buhardilla, ¡qué más daba si habíamos encontrado un refugio! Llegamos gracias a la dueña, que nos había indicado que en su granja, también B&B, ya no quedaban habitaciones, pero que tenía otra casa, recién construida, con una habitación libre. Hay que decir que estábamos en pleno puente de agosto, en el suroeste de la isla (lugar turístico por excelencia, donde mejor tiempo hace), y que no era fácil encontrar alojamiento. Tuvimos suerte, pues allí se estaba de lujo.
La otra casa, en Dingle Peninsula (oeste de Irlanda), era peculiarmente diferente. Hasta ese momento no éramos conscientes de que estábamos realmente durmiendo en la casa de la gente. En esta, nos dimos cuenta enseguida. También ese día era tarde, y llevábamos rato buscando un sitio para dormir. Esta casa estaba en una pequeña carretera, a kilómetros de la siguiente. Nos recibió una abuelita irlandesa, con toda su amabilidad, y nos hizo pasar. Nos dijo que claro que podíamos quedarnos (of course…), y nos dio a elegir la habitación que quisiéramos; nos dijo que una de ellas era la de su hermana, y preferimos quedarnos con la otra, que tenía dos camas. Con tanto buscar casa, y después de una jornada agotadora, no habíamos comido nada. Después de ducharnos y disfrutar de la habitación, fuimos al salón a ver qué pasaba. La abuelita nos invitó a sentarnos, y nos hizo un té (con pan, mantequilla y mermelada incluidas). También estaba allí el abuelito, suponemos su marido, pero la que llevaba la batuta era ella. Así que, sin ganas de coger el coche para ir al pueblo, nos quedamos con ellos (chimenea incluida) y vimos una película sobre el Dublín de principios de siglo XX, interpretada por Jessica Lange. Bueno, no es lo que se dice la juerga padre, pero sí una buena experiencia. Por la mañana para empezar, fuimos conscientes de dónde nos encontrábamos (no me lo podía creer), por eso, una imagen vale más que mil palabras (de ahía la foto…). Y, para rematar, panecillos hechos por la abuelita misma, calientes, con pasas, con nueces, de bizcocho…y ración doble de “Irish Breakfast”, ¡así cómo no íbamos a quedarnos otra noche!

Otros B&B, como los de las grandes ciudades donde el turismo se concentra, son mucho más impersonales y con menos comodidades. Aunque si lo que necesitas es un lugar para dormir, este tipo de alojamiento te ofrece una buena solución. Sobretodo porque no hace falta reservar, gracias a la enorme cantidad alojamientos de este tipo. Eso sí, si hablamos de verano, o Semana Santa, a veces hay que armarse de paciencia, para encontrar el que se ajusta a tu presupuesto. Y también depende del transporte en que viajes, porque yo cuento lo que hicimos en coche, ya que es importante la movilidad para encontrar lo que buscas.
Lo que yo creo, es que en los B&B puedes conocer un trocito de Irlanda, acercarte su gente y, por qué no, darte un homenaje cada mañana, ¿por qué no darse este capricho?